Cuando el Ser se extingue, queda lo Absoluto.
A todo aquél que se sumerge en el Si Mismo le llega el momento de vivir una de las experiencias clave y más extraordinaria que le va a hacer comprender la naturaleza ilimitada de la Conciencia.
¿Cuán amplia es la Conciencia?
Nada, absolutamente nada sucede fuera de tu Conciencia, sólo que tu mente, lo que aparentemente te mantiene a ti esclavizado a su mundo personal, te creará más de una posibilidad y te dará más de una razón para negar la simplicidad de lo evidente. Desafortunadamente para el buscador, toda gran verdad está velada por su simplicidad.
¿Es la Conciencia, solo tan amplia como los cinco sentidos del cuerpo le permiten?
En la pantalla donde se representa el drama de la existencia, cada individualidad es a la vez el actor y el observador. En cuanto al actor, es una experiencia muy cotidiana, ¿no? En lo que respecta al observador, posiblemente algunas veces lo notamos, porque aunque muy parcial y momentáneamente, también se nos hace evidente de vez en cuando. ¿Y en cuanto a la pantalla donde se proyectan las escenas, La Conciencia, qué podemos decir?
Definamos Conciencia como el “campo de lucidez” donde las impresiones aparecen y desaparecen, definamos también, mente, como el re-conocimiento de las mismas.
Las impresiones que aparecen y desaparecen en la Conciencia son fenómenos puros carentes de características o significados propios, pero son captados o percibidos por la función mental de la memoria que distingue a cada una de ellas evaluándolas, catalogándolas y así, convirtiéndolas en objetos con características propias y diferentes, y por lo tanto separados. Es decir, que en la Conciencia pura (sin mente-memoria), el ladrido de un perro y la voz humana no tienen distinción entre sí permaneciendo ambas siendo lo mismo, la causa es que no hay memoria (pasado) con que evaluar y diferenciar.
Ante el continuo aparecer y desaparecer de impresiones en la Conciencia, la mente-memoria crea a través de la atención (captación de la Conciencia) una relación dual entre el foco de atención y los objetos producto de la percepción. Este foco es el “yo” que automáticamente aparece ante la distorsión de la percepción creada por la dualidad “yo observador —–>objeto observado”. La dualidad separa al observador de lo observado. Este observador, por medio de la mente, atestigua reconociendo las impresiones, catalogándolas y nombrándolas gracias a la memoria (pasado). Sirva como anécdota que cuando aparece una impresión por primera vez reaccionamos ante ella muchas veces con asombro o curiosidad hasta que decidimos sus características básicas: Agradable o desagradable, bueno o malo, etc… La mente recolecta y organiza todo tipo de información y la almacena para evaluar y crear su propia “realidad” (percepción).
En esta actividad dual, la mente se erige a sí misma como el principio consciente “yo” separado. Dicho sea de paso que el pensamiento “yo-objeto”, no es más que una reacción mental, la primera reacción cuando el cuerpo aparece en ella. Este “yo”, es el actor principal en un escenario proyectado y fragmentado sobre la Conciencia Pura, atiborrado de percepciones con las que también se fragmenta a si mismo.
¿Cómo asume la mente el protagonismo?
La percepción de los objetos como separados, la posesión de un objeto-cuerpo animado asociado a un sonido impuesto, al que llama “mí nombre”, la ensoñación, los pensamientos réplica de la memoria, las emociones, la respiración, el espacio y el tiempo, la expresión mediante el verbo, etc… todo ello crea una ilusión de una entidad con cualidades personales especiales. Esta es la base de nuestra “realidad” o lo que llamamos “yo y mis circunstancias”, es decir, la conciencia-ego, llamada indivi-dualidad.
La Individualidad tiene dos formas observables: la primera es Conciencia de Ser, es decir, la experiencia directa del puro Yo Soy, donde la atención está vuelta sobre sí misma, y la segunda, que es la primera pero identificada con la mente y sus pensamientos, el cuerpo físico, los sentimientos, la personalidad, las posesiones, el tiempo y espacio, y la atención completamente vuelta hacia afuera y, permanentemente identificada con los objetos (mundo) y como un objeto más. Es decir, yo soy esto, o aquello, aquí o allá, antes o después y mío o tuyo. Esta es la conciencia que aun predomina en el mundo.
El proceso a groso modo es así: Cuando aparece en la Conciencia una impresión, el “ego” instantáneamente se da cuenta del impacto y automáticamente lo cualifica como agradable o desagradable, de acuerdo a esta información y por la fuerza del hábito, se genera una reacción energética (shakti), bio-química, a la que se le llama: ternura, felicidad, simpatía, enfado, ira, odio, etc. ésta reacción es lo que conocemos como sentimiento o emoción y éstos a su vez provocan pensamientos de la misma calidad. El “ego” se percibe inmerso y atrapado en esa vorágine energética que se da en el cuerpo físico y reacciona con una acción con unas consecuencias (Karma, causa y efecto). Lo que menos le interesa al ego (la maquina mente-cuerpo) es saber cómo sucede todo esto y qué hacer para librarse de ello pues estas reacciones le dan la sensación de ser real.
Hay dos puntos a tomar en cuenta en todo esto, el primero es que la atención está permanentemente exteriorizada y esto provoca el segundo punto importante, que es la continua identificación con el mundo de los objetos que nos facilita el identificarnos a nosotros mismos como el cuerpo, pensamientos y sentimientos, en una palabra, no nos conocemos en otra forma que ésta.
Para dar explicación y tratar de salir de este embrollo ilusorio, la misma mente que ha inventado todo el embrollo, ha inventado “la solución” creando sistemas filosóficos, formas de fe, técnicas y métodos a cada cuál más complejo, pero donde prevalece el mismo problema de siempre, que estamos identificados con los objetos de la mente, los pensamientos, y esto hace muy difícil romper la ilusión del yo-ego.
Ahora bien, con lo poco que he comentado, ¿Qué piensas acerca de como romper la ilusión del ego?
Por experiencia propia te puedo proponer lo siguiente:
Practica el permanecer en silencio mental tan a menudo como puedas. Al inicio es más importante intentarlo muchas veces durante el día que el tiempo de silencio sostenido en cada intento.
La ausencia de Conciencia de Si Mismo, y la sensación de separación “yo” viene dado por la permanente identificación con la percepción de los objetos.
Vuelve la atención hacia adentro para des-identificarte de la relación dual de separación “yo observador —–>objeto observado”.
Al principio algunos tienen la sensación de, “no me encuentro cuando vuelvo la atención sobre mí mismo”.
Lo que ocurre es que la mente sigue tratando de identificarse con la individualidad y al centrar la atención hacia dentro lo que desaparece es precisamente esa individualidad que funciona en el mundo de los objetos. Poco a poco, con la constancia de esta práctica, el estado natural de Ser o de Sí Mismo, se ira haciendo más continuo, sencillo y sostenible.
Otro ejercicio muy útil sería que, centres tu atención sobre la observación misma o sobre el hecho en si de observar, sin evaluar. Por ejemplo, cuando leas un libro, en vez de centrar la atención en lo que lees céntrala en la misma atención. Observa al que lee. El simple hecho de observar en silencio, sin evaluar, todo aquello que puedes observar logra posicionar a la atención sobre sí misma y empezarás a comprender lo que significa estar presente aquí y ahora. Si eres capaz de hacer esto pronto te reencontrarás como el Si Mismo que eres. Hay muchos, muchísimos ejercicios creados con este primer, y yo diría principal objetivo. Cuando la atención se centra en sí misma se desvela el puro Yo Soy o “campo iluminado” y cuando este aparece surge la Comprensión, el Jnana.
Ahora bien, este es solo un inicio, con el que se pretende romper la dualidad pero no acaba ahí el asunto.
La dualidad, como ya dijimos, es el testigo-observador dirigiendo la mirada (atención) sobre los objetos y se trata de tener siempre la percepción de ser el observador cuando la atención está puesta sobre algo, ya sea un objeto externo como interno. De lo que se trata hasta ahora es de llegar a percibirnos como el observador puro “Yo Soy”, esto romperá automáticamente con la idea errónea de que “yo soy tal cosa o tal otra y mis circunstancias”.
Está también el método de auto-indagación de Ramana Maharshi que es aun más directo y consiste en volver la atención hacia el Si Mismo mediante la constante búsqueda ¿Quién soy yo? repetirse uno mismo esta simple pregunta hasta que la mente quede sin respuesta, da paso a la experiencia directa del puro Yo Soy, “campo iluminado”, “espacio-Conciencia”.
Y esa vivencia será así cuando la atención se mire se vuelque sobre Sí Misma, si esto no ocurre todo método es infructuoso. TÚ eres el foco de atención. Hay que aprender a ver, oir, gustar, sentir y oler con la Conciencia centrada desde “dentro”. ¿Entiendes? Esto es algo que nunca has hecho, de ahí la dificultad inicial en algunos casos para CONOCERTE como el puro Yo Soy que ya ERES. Así pues, el método más directo siempre pasa por el darte cuenta de que estás vivo y seguir el rastro de la existencia que emana del Yo Soy. El Sí Mismo, el Ser es Existencia y a través de ella es posible que te percibas a tí mismo. El paso más difícil es la toma de Conciencia de que eres el Sí Mismo, el puro Yo Soy. Luego la absorción del Yo Soy en lo Absoluto llega por si misma, en silencio.
El segundo paso es relativamente fácil, solo requiere la realización del Si Mismo, que no es más que hacer permanente la percepción de Sí; esto, al silenciar la mente hace que se trasciendan las características egoicas (vasanas), sin embargo, hasta que no se hace permanente se requiere constante practica, es decir, no caer nunca o casi nunca en el olvido. El olvido es la pérdida de la Conciencia del puro Yo Soy, cuando esto sucede, la mente vuelve a ocupar el lugar del puro Yo Soy, con el yo soy esto o lo otro, reforzando así la conciencia egoica. Una vez trascendido el ego, le llega el turno al Sí Mismo. Uno se da cuenta de que el puro Yo Soy se mantiene gracias a que “se mira a si mismo”, esto ciertamente sigue siendo dualidad pero se comprende que para Ser no hace falta ninguna identificación objeto-sujeto, el Ser que YA se ES, se sostiene sin necesidad de estar atado a nada, es un acto muy natural y que no requiere esfuerzo, se sueltan amarras. Luego llega el abandono final. Se pierde la noción completamente del puro Yo Soy, y esto es Nirvana, la extinción del Yo.
¿No es esta extinción del Yo, volver a la inconciencia?
En absoluto. Jamás se está ausente o inconsciente, la diferencia esta en donde se centra la atención, cuando liberas la Conciencia de todo lo superfluo, que es todo lo que no es Conciencia, solo queda lo que siempre ha estado ahí, un campo luminoso que es el transfondo de todo. Es el contenedor de TODO y nada sucede fuera de Ello. Es como la pantalla del cine, ella ES el espacio puro donde aparecen y desaparecen las imágenes. Ella siempre ha estado allí, no se nota mientras la atención esta puesta sobre las imágenes que van y vienen pero si retiras las imágenes solo queda dicha pantalla. Por cierto, en la pantalla del cine se desarrollan por ejemplo escenas donde aparecen grandes incendios, o grandes tormentas, pero la pantalla permanece inafectada por nada, no se calienta con las imágenes del fuego ni se moja con las de las tormentas. Así es el Ser, Eso Eres Tú.
Es como en la música, donde el silencio es el trasfondo de una pieza, que surge y desaparece en él.
Surge un aparente nacimiento y una aparente muerte sucede mientras que Ello está presente e inafectado de todo este movimiento ilusorio. Ello Eres Tú.
El ego no se percata, ni sabe, ni entiende de esto, ni siquiera le interesa, supone que estar vivo es moverse físicamente, pensar, sentir, interactuar con cosas diferentes y separadas para experimentar EN la vida antes de morir. El Ser ES la VIDA manifiesta, es la Realidad Pura de Presencia inafectada y esto es precisamente el meollo de la ilusión, lo Absoluto nada tiene que ver con la existencia, y esto no deja de ser muy terrible, para el ego.
¿Es duro darse cuenta que el resultado final de la búsqueda es no-existencia?
Sin embargo, para tí, no deja de ser un concepto. Y no puedes disfrutar de la sagrada dicha y quietud que se puede experimentar tan solo en el Sí Mismo, a esta dicha y quietud o beatitud se le denomina Ananda. Este estado beatífico es des-identificación completa de todo y eso quiere decir incluso de la existencia. Eso que al ego le parece tan terrible, en estado de beatitud es bendición. Si hubieras sentido por un segundo la paz del Sí Mismo buscarías como loco repetir el instante.
Lo Absoluto está más allá de todo este juego que solo se da cuando hay Individualidad, y no surgen temores ni beatitudes algunas porque no existe tal cosa como “Yo”, el Experimentador, el observador.
Así, todo gira alrededor del sentido de existencia. El valor que le damos o no a la vida depende solo del sentido de ser.
Ahora te pregunto, ¿EXISTE un tipo de experiencia llamada sueños?...
Claro que EXISTE, todos los hemos tenido. Y te pregunto entonces, ¿son reales los sueños?...
No porque algo venga a la existencia significa que sea Real.
El valor de ser, para el ego es mental y visceral. Toda “existencia” es un concepto que defiendes a capa y a espada mientras te identificas con el ego, mientras el sentido de Ser la Vida lo tienes, quizás solo cuando se hace referencia a algo del recuerdo, lo cual es bueno, pero lo olvidas en cuanto tu atención es raptada por otro asunto. La Ilusión es muy poderosa, tanto que potencia tu olvido.
Olvido implica un recuerdo, ¿no es todo recuerdo, la memoria de algo que ya hemos vivido?
Ese recuerdo tiene dos caras, el recuerdo de un estado perdido que recuperas más y más cada vez que Eres el puro Yo Soy. Ese estado es tu estado natural antes de que se desarrollara tu individualidad. El olvido es tan constante que pueden pasar años y siglos entre dos momentos de pura Presencia, y que además, por ignorancia, no los valoras. El “sabor de Ser” es muy añejo, tanto, que no se valora ni se tiene en cuenta siendo esto precisamente lo que da paso al Estado Último.
Cuando el Ser se extingue, queda lo Absoluto.
/…Del Sí Mismo o Yo Soy, a lo Absoluto.
Jesús dice: “la única diferencia entre tú y Yo, es que por ahora tú tienes muchas cosas que Yo no tengo”.
La certeza de nuestra propia existencia nos acompaña desde el sentir más remoto que tenemos de nosotros mismos; ésta certeza está siempre ahí y no tenemos duda alguna de que eso es así, sin embargo, porque es lo más evidente no le hacemos caso creyendo que el Si Mismo o Yo Soy debe ser un estado muy alejado (separatividad) y por lo tanto, algo a adquirir.
La “auto-conciencia” o “enmimismamiento” es una vuelta de la atención hacia “adentro” y es la toma de conciencia o el darse cuenta de la propia existencia como el individuo que soy, pero carente de cualidades personales.
El ejercicio más simple, directo y poderoso que existe para adquirir auto-conciencia es la práctica insistente del silencio, silencio interior, donde se quitan todas esas cosas que están de más, y así darse cuenta única y absolutamente de que “yo estoy vivo” lo cual lleva irremediablemente a la obviedad de que “yo soy la conciencia y nada más que eso“. También me refiero a esto como “el Vacío”, no porque sea insubstancial o vano, sino porque es un estado libre de objetos, conceptos, etiquetas, diferencias y, es por lo tanto ilimitado, es la pura Luz donde todo es lo mismo, es conciencia pura del todo no-dual, libre de conflictos…
Todo aquél que recupera la capacidad de auto-conciencia, que también podemos llamarlo conciencia de su propia presencia, sabe que él ES permanencia por encima de todas las cosas. La experiencia de nuestra propia existencia, dejando de lado toda teoría adquirida artificialmente a través de libros o enseñanzas, es una experiencia directa, sin intervención alguna de la mente; esto es un asunto de la misma conciencia y, se alcanza por vivencia y no por comprensión.
Simplemente, date cuenta de que estás vivo, ¡¡¡ VIVO y quédate ahí !!!, la experiencia del Yo Soy está asegurada mientras permanezca anclada en el presente silencioso o sea libre de pensamientos, la conciencia del estar vivo, que también podemos llamarla “la presencia”, solamente la experimenta el Yo Soy. No el yo soy esto o aquello, sino únicamente Yo Soy. Esto no es un asunto cuestionable y cualquier duda que aparezca no es más que la ignorancia resistiéndose ante tal simple evidencia.
Y cuando el Ser (Yo Soy) avanza más allá y vacía completamente la Conciencia de Sí, lo que queda es lo Absoluto, el estado natural de Dios. Comienza a Navegar en el Vacío, lo cual es la iluminación.